Entrevista a Fabiola Navarro

26-6-2017 • 15 minutos de lectura

Entrevista a la Mtra. Fabiola Navarro, especialista en temas electorales y administración pública. Realizada el 21 de marzo de 2017 en Miguel Ángel de Quevedo, Ciudad de México.

La entrevistada dio su autorización para transcribirla.


Patricia Cruz: ¿Cuál es tu perspectiva sobre la figura de reelección en México, qué es lo positivo y lo negativo que ves en ella? ¿Crees que mejorará la rendición de cuentas?

Fabiola Navarro: Mi postura no es pesimista, pero no creo que la reelección cambie mucho las cosas tampoco. Creo que hay más expectativa en torno a la figura en sí misma. Voy a explicar por qué digo esto: la rendición de cuentas parte de relaciones, de una interacción que involucra por un lado a quien da las cuentas y por otro, a quien las recibe que hace algo con esas cuentas y en consecuencia las premia o sanciona. Justamente creo que el espíritu de la reelección es mantener a las personas con más méritos en los cargos y quitar a los que no los tienen. Entonces, si partes de esta relación y luego consideras que como mexicanos y mexicanas consumimos pocas noticias y estamos poco relacionados con el desempeño de legisladores, no creo que se pueda alcanzar esta zona ideal que propone la reelección. Hay que considerar que es poco probable que los ciudadanos cambien las relaciones que tienen con legisladores y gobernantes en general.

Rodrigo Corona: Dentro de la reforma, existen diversas limitaciones a la posibilidad que tienen los legisladores de reelegirse. Por ejemplo, existe un límite de periodos por los cuales se pueden reelegir o no es posible hacerlo por otro partido o de forma independiente si no renuncian antes de la mitad de su periodo. ¿Consideras inconvenientes estas limitaciones? ¿Crees que afectan el propósito o la esencia de la reforma?

Navarro: Se trata de candados que lo que buscan es disminuir la posibilidad de que las personas se perpetúen en el cargo y que se beneficien de las estructuras de los partidos políticos, para después desligarse de ellos y mantenerse en el cargo indefinidamente. Esto es el espíritu de todas las medidas que buscan blindar a la figura de la reelección. Sin embargo, también es cierto que los legisladores al final sí se quedan en un puesto indefinidamente e incluso de por vida y por ello no creo que estas medidas cumplan siempre sus objetivos.

Hay que recordar que la figura actual de la reelección tiene que verse con ojos diferentes a la figura de la reelección de la que se hablaba después de la revolución mexicana. Hay que considerar la figura desde sus orígenes, en 1917. En ese entonces, la reelección era en contra de la figura del presidente. En cambio, la reelección de los legisladores no estaba prohibida. Ésto desde una perspectiva histórica, pero partiendo de una perspectiva práctica lo que tenemos son legisladores que llevan 20 o 30 años, incluso 40 en su cargo.

Cruz: También hemos encontrado algunos posibles puntos de conflicto con el tema de la paridad de género. ¿Qué pasa si un legislador quiere reelegirse y eso no es compatible con lo que la ley establece en cuanto a la paridad de género? ¿Cómo se debe ponderar entre estos dos valores?

Navarro: Creo que hay que considerar estas dos cosas por separado. No se trata de dos derechos que se encuentran en un mismo plano y que en ese sentido entren en un conflicto de colisión. La reelección sí esta planteada como un derecho político y por lo tanto, como derecho humano. En cambio, con la paridad de género no es así. No es un derecho de las personas el tener opciones paritarias al votar o tener integraciones paritarias en los congresos. Si partes de ello, tienes que considerar también por separado a los legisladores que se ubican en el supuesto de reelección de los que no lo están. Me parece que los primeros no tendrían que estar sometidos a las medidas de integración paritaria porque además estas son medidas temporales, cuyos promotores reconocen que son medidas transitorias. Si tienes derecho a postular a 100 candidatos a una legislatura y 20 de ellos están el supuesto de la reelección, tu principio de integración paritaria solo aplica para 80, no para 100. Los que se postulan por reelección lo hacen por ejercer un derecho reconocido.

Hay muchas más interpretaciones que ésta, derivadas de la ausencia de un marco legal que complemente la reforma constitucional. Me parece que por eso hay que ir pasos atrás para poder conceptualizar y caracterizar para saber de qué hablamos cuando hablamos de reelección de qué hablamos cuando se trata de la paridad de género.

Corona: Otro tema que nos llama la atención es que los legisladores deben pedir licencia para volver a contender. ¿Esto tiene sentido? ¿Qué problemas o consecuencias tiene esto? ¿Cuáles serían los incentivos de los suplentes para ocupar el cargo?

Navarro: En primer lugar, con respecto a la pregunta de si los legisladores se tienen o no que separar del cargo para hacer campaña, creo que conceptualmente entra en choque con el espíritu de la figura de la reelección porque a partir de lo que un legislador ya hizo y de lo que se sabe de él, las personas tienen elementos para saber si votarán por ti de nuevo. Teóricamente tendrías que decir que los legisladores que buscan reelegirse no tienen que hacer campaña, pues en realidad se encuentran en lo que se llama campaña permanente. Ésto es, que a partir de que tú asumes el cargo estás permanentemente en comunicación y actuando para hacer que las personas sepan quién eres y qué haces. Pero ésto es en un sentido conceptual. En términos prácticos, creo que este grupo de personas (los legisladores que buscan reelegirse) pueden decir que la reelección es un proceso y que tienen que hacer campaña para enfatizar lo que están haciendo y creo que sí hay un punto en ese argumento.

En la regulación y en general en nuestro país queremos que los servidores públicos no hablen políticamente de sus aspiraciones y proyectos cuando están en un cargo, porque entonces pensamos que los ejercen de manera indebida. A mí me parece que no debe ser así. En una democracia liberal la libertad también opera para los servidores públicos, para que ellos actúen en un contexto en el que puedan decir lo que quieran y en donde exista un ámbito de libertad en el que las personas puedan consumir lo que los legisladores les comunican y puedan posicionarse frente a esta información. No me parece que deba asustarnos que los legisladores, mientras ocupan su cargo, puedan decir porqué quieren hacerlo. Sin embargo, sí veo que esto puede ser muy difícil de negociar políticamente en una legislación secundaria o en una reforma por todo el contexto de conflictos en torno a temas de uso de recursos públicos.

Con respecto a la problemática que esto supone para los suplentes, no alcanzo a ver incentivo positivo para que ellos asuman el espacio del legislador que sale a hacer campaña, porque efectivamente, una vez que suben al puesto adquieren una calidad jurídica distinta que puede limitar sus expectativas para futuros cargos políticos. Y no nada más hablo de cargos legislativos, sino de otros posibles cargos que son políticamente relevantes y que te exigen no haber ocupado cargos con cierta antigüedad.

Como ciudadana mexicana, me parece que lo más sano es no pedirle a los legisladores que dejen el cargo. Pero sí creo que el conflicto, o la zona de conflicto con la que puede interactuar esta idea que tengo es con la del principio de equidad de la competencia. Se asume que hay una desigualdad para aspirar a un cargo entre quien tiene un cargo público y para quien no lo tiene. A mí me parece que eso no tendría que ser un problema, porque justo lo a quien estás premiando es a legisladores que ejercen bien su cargo. Por ello creo que los legisladores que buscan reelegirse, sin dejar el cargo deberían de tener un espacio, distinto y menor, para comunicarse con la sociedad y exponer porqué deben ser votados para permanecer en el cargo. Si la campaña para legisladores es de 60 días, a mí me parece que un cuarto o la mitad de esa campaña podrían reconocérseles como una prerrogativa para que hablen del ejercicio del cargo. En última instancia, me parece que hacer que se separen del cargo tiene más costes negativos que positivos para la democracia en general, como para la propia figura de la reelección.

Cruz: Muy asociado con este último tema, tenemos el problema de los actos anticipados de campaña y el uso de los recursos. ¿Cómo se puede hacer para que en el uso de recursos se distinga entre aquello que corresponde al partido (por ser un diputado) y aquello que corresponde al legislador para hacer campaña? ¿Cómo distinguir un acto político por el cargo a un acto político por la campaña?

Navarro: El tema de los actos anticipados de campaña es uno de los grandes desencantos de la reforma legal de enero de 2008. ¿Por qué? Porque en efecto, es muy difícil cuantificar y sancionar la anticipación política de alguien. Al final, los criterios de las autoridades han querido llevar esto a la anticipación de la solicitud del voto y se han establecido ciertas referencias temporales a nivel de decisiones jurisdiccionales y reglamentarias. Por ejemplo, al no considerar lo que haya sucedido antes del inicio de proceso electoral. Pero ésto sigue siendo muy problemático en cuanto a decir quién sí, quién no ha cometido esta falta o cuántas veces. Creo que los actos anticipados deberían de dejar de existir en la legislación, porque hay que tomar otra cosa: si aplicáramos las normas tal cual se encuentran establecidas en la legislación nos quedaríamos sin candidatos para los puestos políticos. Ya se tendría que haber aplicado esta regulación tal cual a todos o te tendrías que esperar a que inicie el proceso electoral del siguiente año y desde el inicio revisar hacia atrás qué dijeron, qué hicieron y entonces terminarías cancelando a todos la posibilidad de registrarse. Y claro, estoy exagerando cuando digo esto y estoy hablando al nivel de la figura del acto anticipado. Esto llevado al terreno de la legislación y de la reelección se complica más, porque las personas al final no se pueden desdoblar en su cargo legislativo en cuanto a su ciudadanía. Esto es otro punto importante considerar. Un servidor público que asume un cargo no pierde sus derechos y sería muy difícil intentar aplicar medidas de no anticipación de actos en legisladores y reelección.

En cuanto al uso de recursos públicos creo que es un tema más fácil. Los legisladores que buscan reelegirse tienen la ventana abierta hacia los medios de comunicación que da el ejercicio del cargo para hacer notar cuál es su trabajo político y legislativo. En ese sentido, si buscan otro tipo de ejercicios para hacer notar su trabajo debería de hacerse con recursos privados. Hay antecedentes de ello, por ejemplo el caso del partido verde ecologista. No fueron sancionados porque dijeron - y se les creyó - que habían pagado spots con recursos privados. No debería asustarnos el uso de recursos privados en las campañas electorales, sobre todo en el caso de la reelección. Es lo contrario lo que es inadmisible. Lo que no puede suceder es que alguien se beneficie de su cargo público y de los recursos con fines personales. Fuera de eso creo que también hay que dimensionar este otro ámbito que tenemos las personas como ciudadanos para ejercer nuestros derechos de manera libre. Hay un doble discurso: nos sentimos muy liberales al hablar, pero en el ejercicio somos todo lo contrario. Esto es otro problema, ¿hasta dónde se reducen los derechos ciudadanos de una persona que se convierte en un servidor público?

Corona: Justamente con base en lo que acaba de comentar, surge la pregunta de cómo los legisladores obtienen recursos. ¿Podrían hacer uso de recursos públicos o se les permitiría recurrir a lo privado? ¿Cuál es la medida más viable para evitar problemas y contradicciones?

Navarro: Me parece que la medida tiene que ser diferenciada. No puedes dar el mismo trato presupuestal y partidista a un candidato que ya estuvo en el cargo, en contraposición a uno que por primera vez será elegido. Creo que a quienes se les tiene que dar una infraestructura y recursos es a los legisladores que se eligen por primera vez. Si nos tomamos en serio la rendición de cuentas, el performance de los legisladores tendría que poder alcanzarles para volver ocupar un cargo en el siguiente periodo. Tampoco deberían de perder todos sus derechos ciudadanos por ocupar un cargo público. Lo más importante que hay que buscar en la regulación es cuidar el espacio público y los recursos públicos para evitar que sean utilizados en campañas electorales. El bien jurídico tutelado en el caso de quienes buscan la reelección me parece que tienen que ser los recursos públicos. A diferencia del énfasis en el caso de quienes buscan por primera vez el cargo. Aquí lo que se tiene que cuidar son otras cosas.

En ese sentido, me parece que la legislación tiene que ordenar a los partidos que estatutariamente regulen de manera diferenciada los derechos y las limitaciones de los candidatos a reelección de los que se postulan por primera vez. Me parece que fortalecer la figura de los candidatos que se postulan por primera también es muy compatible con el fin constitucional que tienen los partidos y que buscar la participación ciudadana en asuntos políticos. Insisto, para quienes ya ocupan el cargo de legislador, su trabajo debería de ser suficiente, porque de otro modo creo que no se cumple el objetivo de la reelección.

Cruz: Los candidatos que no hayan renunciado a su partido antes de la primera mitad de su mandato, deben contender con el mismo partido. ¿Qué pasaría si sí renuncian en la primera mitad de su mandato?

Navarro: Creo que esta es una de las partes más obscuras o menos explicadas de la reforma por quienes la promovieron. Entiendo esta lógica de vincular la reelección de una nominación por partido al partido para que no uses al partido. Los legisladores que llegaron por partido político, por lo que llegaron y lo que tienen que ejecutar es una plataforma política y electoral, una ideología. Si renuncias a eso, renuncias a ese proyecto partidista con todo lo que implica. Sí me hace sentido entonces que no te puedas reelegir en una posición que tuviste, postulando lo principios y el programa de un partido político que piensa de cierta manera. Entonces si renuncia, creo que tendría que postularse para reelegirse por la vía de una candidatura nueva.

Si ocupabas una posición, representando una determinada postura política de un partido, y antes de la mitad de la conclusión del cargo renuncias al partido, es difícil que en términos ideológicos aceptes que la persona permanezca a desempeñar ese cargo cuando ya no representa la opción por la que teóricamente votaste. Y digo teóricamente porque aquí, salvo las candidaturas que van sin partido, generalmente no votamos a las personas en lo individual para cargos de legisladores. Aunque también hay grupo de personas que vota por candidatos. Por eso luego nos encontramos con resultados diferenciados en las encuestas.

En resumen – aunque mi respuesta aquí es un poco por intuición – es que si se desvinculan de partido político antes de la mitad de que concluya el cargo y quiere volver a ser legislador sí me parece que no debe de ser por la vía de reelección porque eso implica seguir haciendo lo que estabas haciendo bajo la directriz política que defendiste cuando te votaron por primera vez.

Corona: Los candidatos que llegan al cargo vía coalición tendrían más alternativas para reelegirse, porque lo podrían hacer por distintos partidos. ¿Existe ahí un problema de constitucionalidad?

Navarro: No sé si el problema sería de constitucionalidad. Generalmente quienes llegan a las curules por coalición son partidos pequeños y aunque la candidatura sea común generalmente hay una adscripción de candidato al alguno de esos partidos. No estoy segura cómo debería de operar el apoyo de los partidos coaligados para efectos de la reelección. En realidad no estoy muy segura de este tema de coalición, no me es muy familiar. Porque además las coaliciones se establecen en convenios, y por lo tanto siempre tienen libertad para decidir ciertas cosas.

¿En qué sentido se refieren a lo de constitucionalidad?

Cruz: Sería en el sentido de que los legisladores en coalición tienen por más partidos a través de los cuales pueden postularse. En cambio, los demás solo se pueden reelegir por un mismo partido. La diferencia es que uno tiene más alternativas para reelegirse que el otro.

Navarro: Puedes pensarlo también al revés, porque la coalición no es sólo tener más opciones, sino también implica más fragmentación de los apoyos. Creo que es más fácil que te apoye un partido a buscar que te apoyen tres. Si revisamos las coaliciones a nivel legislatura me parece que la mayoría tiene que ver con partidos pequeños. En términos federales, los partidos mayoritarios van solos porque no necesitan de los apoyos. Yo lo pensaría al revés. Si hay involucrados dos o tres partidos o más, la negociación política es más complicada.

En cuanto a apoyos al legislativo creo que son más débiles, en realidad son solo pocos partidos los que tienen la mayoría de beneficios asociados al ejercicio del cargo. Aquí si creo que hay que revisar datos del número de candidaturas comunitarias. No estoy segura que sea más fácil con coaliciones, porque éstas son efímeras.

Otra idea es que tenemos muy presente el principio de la equidad. Necesariamente pensamos que tiene que haber equidad para todos. Además de que es insostenible, y los hechos lo demuestran, sólo puedes generar equidad en los mecanismos que tu proporcionas como autoridad, es decir una equidad en el trato. Pero la equidad en la competición no existe porque las personas construyen su marca prácticamente casi desde que nacemos y esto tiene que ver con “background” social, económico, profesionales. Por ejemplo Lorena Ochoa. Es conocida mundialmente. Ha sido la imagen de muchas marcas deportivas – aunque me estoy desviando un poco del tema creo que esto sirve como analogía para mostrar el punto-. Si ella decide participar en contienda electoral, ella ya trae un grado de lo que llaman “exposición” que la pone en un plano diferente que a otros. Esta equidad que se pretende puede funcionar desde la autoridad hacia los participantes, pero las condiciones de cada persona hacen que la contienda no pueda ser equitativa en otro sentido. A partir de esta analogía, creo que no hay que obsesionarnos demasiado con la falta de equidad entre quienes contendieron desde coaliciones y los que lo hicieron solo de un partido. Lo mismo para la campaña electoral.

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